EL POLO, A RECUPERAR EL SUR
DonPalabras
El nacimiento del Polo Democrático Alternativo fue reconocido por muchos como una alianza necesaria entre muchas fuerzas políticas con muy pocos factores comunes, el principal de ellos: la inminente posibilidad de desaparecer del panorama electoral colombiano. Si nos atenemos a esta lectura, el Polo esta signado por la lógica electoral, de ahí que el momento político más importante que ha vivido el PDA no ha sido un congreso ideológico, ni el acompañamiento a los movimientos sociales en ascenso, ni siquiera los brillantes debates parlamentarios (que por lo regular expresan las calidades de nuestros congresistas más no un resultado de partido); por el contrario, el momento más importante del PDA fue el registro de los míticos 2.600.000 votos obtenidos por Carlos Gaviria Díaz en su candidatura presidencial en 2006.
Míticos, no porque no se hayan depositado efectivamente en las urnas (es probable que hayan sido muchos más), sino porque nos creímos el cuento de que esos votos pertenecían al Polo, y ese cuento nos llevó a la lógica electorera y nos olvidamos de la política, los debates en lo subsiguiente pasaron por las definiciones de cómo cada pequeña fuerza política al interior del Polo se apropiaba de la porción de ese caudal electoral.
Al involucrarse el Polo en esa dinámica siempre criticada a los partidos tradicionales, cometió el peor error de su proceso político, abandonar la política en pos de la consecución de votos, demostrando los apetitos de las empresitas electorales al interior del Polo y mostrando incoherencia con el Ideario de Unidad. Jugar en el terreno electorero, dominado por los partidos del establecimiento, con las mismas prácticas de estos partidos y legitimando la caricatura de democracia que representan los procesos electorales colombianos, resultó a la postre la mejor oportunidad que tuvo la derecha para romper al Polo por dentro, y no la desaprovecharían.
Desde el poder, el establecimiento utilizó varias herramientas para atacar al Polo: la guerra sucia que tanto conocemos, la difamación y la persecución política que tanto hemos sufrido, el bloqueo mediático que siempre hemos vivido, pero sobre todo (y más fuerte) la seducción con dádivas de poder, de lo que siempre hemos carecido. Hoy, ilustres personajes que aunque no se reconozcan del Polo, que en realidad nunca fueron del Polo, pero que sí han utilizado al Polo para sus intereses personales y grupales (como el caso de Lucho y Angelino Garzón), participan del proceso electoral en orillas muy distintas a lo que pretende representar ideológicamente el Polo Democrática Alternativo; otros personajes, cuya actuación es tal vez más deplorable, aún con la camiseta del Polo y ostentando cargos de elección popular con la credencial a nombre del PDA (como el caso de River Franklin Legro), han desarrollado una política de alianzas con toda suerte de partidos políticos, invitando a fórmulas electorales que implicaban votar por fuera del Polo.
Este desorden ideológico como partido ha dejado la puerta perfectamente abierta para el entrismo, golpe fuerte y precisamente asestado por la derecha al interior del Polo: tal es el caso de la consulta presidencial abierta, lo cual permitió que el partido Conservador y de la U, así como otras fuerzas ajenas al Polo derrotaran la aspiración de Carlos Gaviria a representar al PDA en la actual campaña presidencial; o la campaña electoral y ahora curul al Senado obtenida por Mauricio Ospina -hermano del Alcalde de Cali quien no es del Polo, ni su hermano nunca lo fue- a través de las más lamentables prácticas de constreñimiento, clientelismo y compra de votos.
Hoy nos encontramos participando de la contienda electoral, con uno de los programas que más contenido político tiene pero que con menos respaldo popular cuenta. Además de las legítimas discusiones que ameritan las propuestas de Gustavo Petro, es pertinente plantear la discusión hacia el Polo: ¿qué hemos hecho en términos de acompañamiento a los movimientos sociales, para contar hoy con su respaldo?, ¿cuál es la reciprocidad de la política del Polo con el movimiento obrero, de mujeres, de jóvenes, ambientalista, de minorías étnicas; que amerite un respaldo de estos sectores en la campaña electoral?; mejor aún ¿cuál es la propuesta de nuestro candidato en términos de ruptura con el modelo uribista?, ¿acabar la nefasta seguridad democrática?, ¿desmontar la absurda confianza inversionista?, ¿eliminar la grosera y miserable cohesión social?
Responder estas preguntas y plantearse muchas más de fondo es la tarea del Polo Democrático alternativo, no en 15 días, no de cara a la campaña electoral; sino de cara a la coherencia política, a un Congreso Ideológico y a la responsabilidad política frente a un país que sigue marchando fervoroso hacia su propia destrucción. Es el momento en que el Polo habrá de recuperar el Sur.
DonPalabras
El nacimiento del Polo Democrático Alternativo fue reconocido por muchos como una alianza necesaria entre muchas fuerzas políticas con muy pocos factores comunes, el principal de ellos: la inminente posibilidad de desaparecer del panorama electoral colombiano. Si nos atenemos a esta lectura, el Polo esta signado por la lógica electoral, de ahí que el momento político más importante que ha vivido el PDA no ha sido un congreso ideológico, ni el acompañamiento a los movimientos sociales en ascenso, ni siquiera los brillantes debates parlamentarios (que por lo regular expresan las calidades de nuestros congresistas más no un resultado de partido); por el contrario, el momento más importante del PDA fue el registro de los míticos 2.600.000 votos obtenidos por Carlos Gaviria Díaz en su candidatura presidencial en 2006.
Míticos, no porque no se hayan depositado efectivamente en las urnas (es probable que hayan sido muchos más), sino porque nos creímos el cuento de que esos votos pertenecían al Polo, y ese cuento nos llevó a la lógica electorera y nos olvidamos de la política, los debates en lo subsiguiente pasaron por las definiciones de cómo cada pequeña fuerza política al interior del Polo se apropiaba de la porción de ese caudal electoral.
Al involucrarse el Polo en esa dinámica siempre criticada a los partidos tradicionales, cometió el peor error de su proceso político, abandonar la política en pos de la consecución de votos, demostrando los apetitos de las empresitas electorales al interior del Polo y mostrando incoherencia con el Ideario de Unidad. Jugar en el terreno electorero, dominado por los partidos del establecimiento, con las mismas prácticas de estos partidos y legitimando la caricatura de democracia que representan los procesos electorales colombianos, resultó a la postre la mejor oportunidad que tuvo la derecha para romper al Polo por dentro, y no la desaprovecharían.
Desde el poder, el establecimiento utilizó varias herramientas para atacar al Polo: la guerra sucia que tanto conocemos, la difamación y la persecución política que tanto hemos sufrido, el bloqueo mediático que siempre hemos vivido, pero sobre todo (y más fuerte) la seducción con dádivas de poder, de lo que siempre hemos carecido. Hoy, ilustres personajes que aunque no se reconozcan del Polo, que en realidad nunca fueron del Polo, pero que sí han utilizado al Polo para sus intereses personales y grupales (como el caso de Lucho y Angelino Garzón), participan del proceso electoral en orillas muy distintas a lo que pretende representar ideológicamente el Polo Democrática Alternativo; otros personajes, cuya actuación es tal vez más deplorable, aún con la camiseta del Polo y ostentando cargos de elección popular con la credencial a nombre del PDA (como el caso de River Franklin Legro), han desarrollado una política de alianzas con toda suerte de partidos políticos, invitando a fórmulas electorales que implicaban votar por fuera del Polo.
Este desorden ideológico como partido ha dejado la puerta perfectamente abierta para el entrismo, golpe fuerte y precisamente asestado por la derecha al interior del Polo: tal es el caso de la consulta presidencial abierta, lo cual permitió que el partido Conservador y de la U, así como otras fuerzas ajenas al Polo derrotaran la aspiración de Carlos Gaviria a representar al PDA en la actual campaña presidencial; o la campaña electoral y ahora curul al Senado obtenida por Mauricio Ospina -hermano del Alcalde de Cali quien no es del Polo, ni su hermano nunca lo fue- a través de las más lamentables prácticas de constreñimiento, clientelismo y compra de votos.
Hoy nos encontramos participando de la contienda electoral, con uno de los programas que más contenido político tiene pero que con menos respaldo popular cuenta. Además de las legítimas discusiones que ameritan las propuestas de Gustavo Petro, es pertinente plantear la discusión hacia el Polo: ¿qué hemos hecho en términos de acompañamiento a los movimientos sociales, para contar hoy con su respaldo?, ¿cuál es la reciprocidad de la política del Polo con el movimiento obrero, de mujeres, de jóvenes, ambientalista, de minorías étnicas; que amerite un respaldo de estos sectores en la campaña electoral?; mejor aún ¿cuál es la propuesta de nuestro candidato en términos de ruptura con el modelo uribista?, ¿acabar la nefasta seguridad democrática?, ¿desmontar la absurda confianza inversionista?, ¿eliminar la grosera y miserable cohesión social?
Responder estas preguntas y plantearse muchas más de fondo es la tarea del Polo Democrático alternativo, no en 15 días, no de cara a la campaña electoral; sino de cara a la coherencia política, a un Congreso Ideológico y a la responsabilidad política frente a un país que sigue marchando fervoroso hacia su propia destrucción. Es el momento en que el Polo habrá de recuperar el Sur.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Este es un espacio de construcción de debate, en ese sentido apelamos a su mayoría de edad y madurez política para que considere sus comentarios como un aporte más no como un insulto