sábado, 22 de agosto de 2009


EL DURO DEL BARRIO
DonPalabras
agosto 14 2009
De un momento a otro el escenario barrial se fue transformando. Las casas empezaron a cambiar de fachada y algunas se convirtieron en edificios, con detalles de obra blanca que no se habían visto antes en el barrio –y creo que en ninguna parte.
Las calles cambiaron también, los otrora andenes libres para los peatones se empezaron a llenar de camionetas, las señoras toyota, nissan, ssang yong, y hasta una tal hummer se pavonean ahora por los andenes donde los niños jugaban canicas.
La rumba también se fue transformando, cada vez menos nos visitan los Lebron, la Ponceña, Blades o LaVoe, ahora son invitados de lujo los norteños de no sé donde, Yoani Ayala (así es que se canta hijueputa), pipí bueno y otros tantos que aún no distingo.
Cambiaron las costumbres, ya casi no se hacen viejotecas y bazares, cada vez la gente se reúne menos y se encierra más, los muchachos ya no salen a conversar desde que mataron a luchito –un pelao del barrio que le gustaba la marihuana, lo mando matar el duro, un vecino-, no sea que vaya y les toque acompañarlo.
Las muchachas tampoco salen, los patines y lazos están guardados desde que camilita le gustó a un amigo del duro y se tuvo que ir con él para una finca por tres días (el duro les pagó a los papás de camilita por su silencio, por ahí derecho les compró su dignidad), ahora ningún papá quiere aportar al harén del duro, por eso encierran a las muchachas.
El duro es un vecino nuestro, nuestros papás y abuelos lo vieron crecer y lo regañaban por sus travesuras, creció y como dicen “cogió el mal camino”, después de unas vueltas y tres años de “cana” en el exterior, el duro llegó repartiendo plata, con una cantidad de amigos, transformó la fachada de su casa e instauró unas nuevas normas tácitas en el barrio, ahora él manada.
Así como llegan a su casa bandidos, llegan también los agentes de policía, se reúnen, beben, traen mujeres por camionetadas, comparten sus “aspiraciones” y se terminan confundiendo los bandidos con los (bandidos) de verde.
En esa casa habita la ley del barrio, desde ahí se ha transformado la vida de nuestra gente, ya no importan las tradiciones de amistad y solidaridad, la vida de nuestros muchachos no vale un tiro, no se respeta la tranquilidad de la gente, las muchachas parecen mujerzuelas en dispensador, los hombres desempleados se fueron convirtiendo en lavaperros, los agentes del orden beben en la misma copa, muchas personas fundadoras del barrio se han ido indignadas y reina un miedo diario entre quienes nos quedamos.
El modelo es el mismo a escala nacional. Desde que don Alvaro llegó a la casa de nari se ha ido reconfigurando la vida; lo que antes era subrepticio ahora es descaradamente público, las reuniones en la casa de nari con bandidos como Job y otros emisarios del narcoparamilitarismo son reconocidas sin pudor; los agentes del orden aparecen a diario involucrados en escándalos de corrupción relacionados con el narcotráfico, abuso a la población civil, asesinatos de Estado, desplazamiento forzado de población; desde la casa de nari se violentan las normas, se reta a los representantes de la justicia, se acusa impunemente de terrorismo a los periodistas, jueces, defensores de derechos humanos, profesores, sindicalistas; los amigos y familiares de narcotraficantes de vieja data y de las nuevas generaciones desayunan, almuerzan y cenan con don Alvaro, comparten intereses y complementan acciones.
Eso que pasaba en el barrio hace unos años, se trasladó al escenario nacional, estamos gobernados por un traqueto de pueblo. Razón tiene Chávez: colombia es un narcoestado.

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