sábado, 22 de agosto de 2009


EL ILUSIONISTA
DonPalabras
Julio 13 2009
Llegó al pueblo con su caminar lento, su cara de yo no fui, su hablar campirano y su excelsa ordinariez. Aseguró que acabaría de un tajo con el “gran padecimiento” del pueblo, y ahí estuvo realizado su primer acto mágico: convenció al pueblo de que su problema se llamaba “amenaza terrorista”, e hizo olvidar la existencia de un profundo conflicto social y político, del cual la lucha armada es sólo una de sus expresiones.
Cual experimentado culebrero prometió eliminar la corrupción, la politiquería, generar empleo y traer la paz (mejor que los hermanos salomón); y de la mano de los ricos del pueblo, protegido por sus armas fue designado para administrar el pueblo. Desde entonces, se ha hecho célebre por trastocar las realidades teóricas y prácticas, empezando por sus propias promesas: exacerbó y premió la corrupción como modelo de administración del pueblo, se hizo figura rimbombante de la politiquería desde el nombramiento de sus ayudantes (llamado gabinete) hasta el pago de votos con notarías y embajadas, generó tres millones de nuevos subempleos a la vez que eliminó un millón y medio de empleos formales y degeneró la calidad de vida de quienes aún conservan su empleo (por la desmejora de los ingresos por horas extra, dominicales y el aumento anual muy por debajo del IPC), además de esto no trajo la paz, hoy por hoy la percepción ciudadana de la seguridad es la peor en treinta años.
Sus dotes de ilusionista se expresan en la distorsión de las realidades científicas y populares, por ejemplo: antes de la aparición del ilusionista, la gente del pueblo tenía claro que el alcohol y la gasolina no combinan, hoy el ilusionista ha hecho que la combinación sea 90% de gasolina y 10% de alcohol, y para 2012 de 15% gasolina y 85% alcohol, este alcohol no es el de consumo con fines lúdico-embriagantes, este alcohol carburante es la salvación de las familias dueñas de los ingenios productores de derivados de la caña de azúcar, este acto de magia del ilusionista ha significado y significará aumento de la explotación de los trabajadores de la caña, pérdida de la soberanía alimentaria del pueblo, grandes impactos de contaminación, aporte contundente al calentamiento global, empobrecimiento de campesinos y desplazamiento de poblaciones.
Otra de las realidades trastocadas por el ilusionista es la de volver un acto humanitario -como el que ha realizado y sigue proponiendo Piedad Córdoba y los Colombianos por la Paz- de profundo impacto social como es la gestión de la libertad de los retenidos por las FARC, en un show político que a la fecha le está siendo útil para ocultar el escándalo de la compraventa de notarías por cuenta del apoyo parlamentario a la reelección de 2006, esta es otra de la áreas de alta pericia del ilusionista: las cortinas de humo.
Cuando teníamos claro que la libre empresa tenía como elemento fundamental la ausencia de intervención estatal en los asuntos del mercado, el ilusionista se inventó la “confianza inversionista”, que sumado a la magia de convertir terrenos abandonados en zonas francas y grandes proyectos de infraestructura, han significado la altísima participación del Estado en los asuntos del mercado; a través de la flexibilización del empleo, los contratos de estabilidad jurídica, los altos subsidios a la producción y la reducción de aranceles a la importación de maquinaria, además de la encarnada lucha contra la lógica real para sacar adelante un TLC con los Estados Unidos.
En el pueblo todos se maravillaron con un acto mágico-circense llamado desmovilización, lo cual consistió en convertir a criminales de humanidad en actores políticos legítimos, al punto de llevarlos al Congreso, permitirles purgar penas irrisorias por delitos contra la humanidad, legalizar sus patrimonios obtenidos a sangre y fuego y por último, permitir la mutación en las eufemísticas bandas criminales o bandas emergentes, que en realidad son las mismas estructuras paramilitares relocalizadas a nivel urbano y semirural.
Un acto que sigue llamando mucho la atención es el de convertir las armas y los recursos de la nación en instrumentos del crimen de Estado, eufemísticamente han llamado a estos crímenes estatales como falsos positivos, sin embargo en realidad son consecuencia de un acto de magia mucho más grande: convertir a los supuestos defensores del pueblo (soldados, hijos del mismo pueblo) en asesinos del pueblo.
El más reciente acto de magia al que asistimos es el de la ventriloquia, donde el ilusionista ha puesto a todos sus títeres y marionetas a hablar de una segunda reelección, mientras él y sus secuaces siguen robando y repartiendo el país, para finalmente convertirse a él mismo -después de haber destrozado la Constitución y la institucionalidad- en adalid de la democracia, teniendo la majestad de hacerse a un lado para señalar a su heredero-sucesor. Farsa premeditada que le permitirá retirarse con honores a dirigir tras bambalinas una demodura tan perfecta como la operación Jaque.
Ñapa: ahora resulta que el ICBF va a tener que “proteger”, arrebatándolos de sus padres y madres, a los más de 400 niños y niñas desplazados que junto a sus familias claman por dignidad, mientras el gobierno les da la puñalada hundiendo la ley de víctimas. Valiente protección.

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