RESISTENCIA POR LA MEMORIA, CONTRA EL OLVIDO Y LA IMPUNIDAD
A 20 años de la masacre de Trujillo Valle del Cauca
DonPalabras
Entre marzo y abril de 1990 sucedió en Trujillo (zona montañosa del Valle del Cauca, Colombia), un hecho criminal que conmocionó a la sociedad colombiana; la masacre de Trujillo fue un proceso sistemático de exterminio de la población campesina y líderes sociales de la zona, entre ellos Tiberio Fernández Mafla, párroco y líder social del municipio de Trujillo; por parte de una estructura criminal conformada por narcotraficantes, paramilitares y militares en servicio, que se desarrolló durante más de 10 años.
Entre 1986 y 1994 el proceso criminal conocido como la masacre de Trujillo logró la eliminación física de aproximadamente 350 habitantes del municipio en su zona urbana y rural, sembrando el terror, generando masivos desplazamientos de población y teniendo la complicidad – por acción u omisión- de las autoridades civiles, militares y judiciales.
Veinte años después Radio Mundo Real acompañó a las víctimas en la Peregrinación por la Memoria y contra el Olvido, una jornada de resistencia y de denuncia contra la impunidad.
BREVE RECONSTRUCCION DE LOS HECHOS
Radio Mundo Real: Qué es lo que estamos conmemorando?
Octavio (nombre cambiado): Los veinte años de la muerte de Tiberio y la masacre de todos sus seguidores en el municipio de Trujillo, Valle.
RMR: ¿Qué fue lo que pasó hace 20 años?
Consuelo Valencia: Vea lo que pasó hace 20 años en el 90, eso dependió de una marcha, de una marcha que hubo en Trujillo pacíficamente para verdaderamente hacer escuchar al Alcalde para que hiciera arreglos a la carretera que estaba muy mala. Hicieron una marcha para verdaderamente los moreros sacar el cultivo.
RMR: Quiénes se movilizaron en esta marcha?
Consuelo Valencia: Puros campesinos, hasta ahí se incluyó mi hijo, el de catorce años que lo llevó el papá, mi esposo se incluyó también en esa marcha. Pasó que el alcalde llamó al ejército, hubo una balacera, gracias a Dios no hubo heridos, sino que para asustar al campesino que por que eran guerrilleros; no, ellos no eran guerrilleros sino puros campesinos. Entonces ahí mismo quitaron la remesa, el revueltico y ¿qué hicieron los campesinos?, se fueron con la misma necesidad.
Ya después de que pasó eso fue viniendo un tipo por las casa, haciéndose pasar por guerrillero, y decía: “¿verdad que por aquí hay ejército?”, yo le dije: no señor, por el momento no, ahora que lo veo a usted; y dijo: “ah ¿usted no tiene aguapanelita?”, le dije: sí señor, con mucho gusto; y dijo: “¿por aquí no hay mora?”, le dije: no señor por aquí no hay mora, entonces dijo: “bueno, en todo caso que esté muy bien”, y yo le dije: que le vaya muy bien.
Entonces bueno, yo póngale cuidado y póngale cuidado y no aparecía por ninguna parte, y yo le dije a mi esposo: ¿vea por qué no nos vamos?, porque esto es cosa como grave, desde que vengan a la casa es como sospechoso; “no mija, el que nada debe nada teme, qué nos vamos a ir de la tierrita a sufrir al pueblo, que es una carestía muy horrible, y si a uno le queda para comer, no le queda para pagar arriendo y además no nos arriendan por tantos hijos”, yo tenía nueve hijos, diez con el mayorcito. Bueno, yo me quedé así, le dije: pero yo estoy muy asustada.
Cogí y me fui para La Gaviota, estaba el ejército en La Gaviota y allá estaba el muchacho uniformado, ¿qué hizo?, me volteó a ver, el me miró y se sonrió, me dijo: “¿y usted que hace por acá?”, yo le dije: voy a traer un bestia para darle aguamiel, “¿y no le da miedo andar por acá?”, le dije: no señor porque el que anda con Dios, ¿qué miedo le va a dar a uno?. Bueno, volví y me vine, eso pasó un mes antes, cuando ya subía, eso fue un jueves, subía la camioneta del municipio a hacer unos trabajos; hubo un enfrentamiento, e hirieron unos del municipio.
RMR: Trabajadores…
Consuelo Valencia: Sí, hubieron dos heridos, entonces ellos bajaron y yo bajaba en la chiva porque iba para Candelaria, entonces yo le dije a mi hija mayor: mija, yo no voy a ir por allá porque eso está grave, la familia quedó allá sola con su papá y yo qué puedo hacer, dijo: “no mami, no nos demoramos, es para yo cuadrar a ver si me dan un trabajito en el taller de Venecia”, le dije: ah bueno, vamos, por hacerle ese favor, me fui.
Ya el viernes por la tarde regresé a Trujillo, ya estaba eso prendido, había mucho ejército y había unos del ejército heridos, entonces yo dije: ¡mis hijos!; entonces le dije al chofer, ¿porqué no hace el favor y me lleva?, dijo: “no, yo no puedo subir por allá porque de por allá me desaparecen”. Yo ya me confundía, yo tenía la niña de brazos, tenía tres meses la niña y la otra tenía dos añitos, entonces yo me tercié el maletín y seguí pa´rriba y cuando eso lleno de ejército “¿usted qué anda haciendo por ahí?”, les dije: no, es que yo ando por aquí por los desechos, para cortar carretera, camino, entonces seguí pa´rriba cuando ya en la carretera, estaba la chiva y estaban los jeep ahí plantados, haciendo bajar la gente y pidiéndoles papeles, y anotaban, bueno, ya está listo.
Ahí iba mi esposo a remesear, yo me le arrimé y le dije: ¿para donde va?, me dijo: “no, voy para el pueblo y ya vengo”, entonces yo lo esperé y ya por la tarde llegó y le dije: vea vámonos, vámonos que esto aquí va a pasar algo serio, me dijo: “no mija, no nos vamos, esperemos que eso no va a pasar, tenga fé en Dios”, ya yo desesperada que no aparecía mi hijo el de catorce años, espérelo y espérelo y él por ninguna parte; y cuando yo bajé a La Sonora y dije yo: oiga ¿usted no ha visto a mi hijo?, “no, a él se lo llevaron, se lo llevaron, le quebraron los bracitos y lo echaron al carro”, le dije: ¿a mi muchacho?, “sí, doña Consuelo, se lo llevaron, lo echaron al carro y se lo llevaron”. Yo me fui toda preocupada para la casa, yo no le dije nada a mi esposo, me quedé callada.
RMR: Cuál es el nombre del hijo suyo?
Consuelo Valencia: Se llama Arley Acevedo Valencia
RMR: Y quién se llevó a Arley?
Consuelo Valencia: El ejército, el ejército lo cogió en Playa Alta que él venía de desyerbar y bueno…eso fue como a las tres de la tarde. Bueno, yo me fui para la casa y luego mi esposo vino por la tarde y le dije: vámonos para el pueblo, dijo: “no, ya no nos vamos”; entonces ya el domingo yo bajé por la maleta, no me la quisieron entregar y me detuvieron, era para torturar a mi esposo, lo llevaron para una casa de lata, lo encerraron, le echaron agua con un líquido ahí y el empezó a vomitar sangre, y lo torturaron, luego lo sacaron y lo llevaron por un potrero arriba, lo metieron al rastrojo y por ahí como a la una de la mañana me lo trajeron a la casa. Él no hablaba nada, que no quería nada, que nos fuéramos y yo le dije: ya para qué nos vamos a ir si ya se llevaron al muchacho, cuando ya bajó el otro hijo y decía que ya bajaban los guerrilleros, el de nueve años y el de ocho años que habían ido a coger mora con los Arboleda, entonces bajaron y le dije: ay Edilson por Dios, ¿qué hacemos?, me dijo: “no mami, no se confunda que yo me voy”, y él se voló, arrancó y se fue y nosotros nos fuimos para el pueblo, ahí pagamos una piecita, cuando el miércoles ya lo bajaban a mi hijo con alfileres en la mano y en los pies y él me mostraba los alfileres clavados en la mano, yo no sé ese muchacho cómo era capaz de andar, y era bañado en sudor por el dolor en los pies, un muchacho que se alcanzó a volar nos contó: “ese hijo suyo iba demasiado mal, yo creo que ya iba más muerto que vivo”. Desde ahí no lo volví a ver.
RMR: Hablamos de un ejercicio de represión por parte de las autoridades legales e ilegales por parte del Estado, pero quienes realmente caen víctimas son personas inocentes, sociedad civil; ¿qué pasó entonces después?, ¿cómo se movilizó la gente?, ¿se sembró el terror?, ¿qué ocurrió en el pueblo en el proceso y después de la masacre?
Octavio: El día del enfrentamiento fue un enfrentamiento entre paramilitares, militares y un comando de la guerrilla que se movilizaba en la zona, eso fue algo improvisto, fue un choque de tú a tú, donde nadie esperaba a nadie; ya después de que la guerrilla tomó por asalto al grupo del ejército y el comando de paramilitares guiado por Diego Montoya, conocido como “los carolos”. A partir de ahí por la masacrada de todo el comando del ejército, entonces a partir de ahí vino la represalia contra la comunidad, entonces ya entraron a aprovechar coyunturas políticas y otros medios para tomar represalias contra la población.
RMR: La masacre no fue sólo un día, fue un proceso selectivo, lento…
Octavio: Luego vino el enfrentamiento y la guerrilla mató un comando del ejército, y luego ya el ejército en apoyo con el gobernador y sus administraciones entonces dieron la orden de exterminar toda la gente de esta región que porque todos eran guerrilleros; la pelea fue el jueves 27 de marzo y ya lo que fue día sábado y día domingo, llegaron los carros que desaparecían a la gente, el domingo por la noche recogieron en La Sonora a unas 25 personas de las cuales no las volvimos a ver, nunca se volvió a saber nada, entre ellas Esther Cachapú, Arnoldo, Arnulfo Arias y sus hermanos, fueron muchas personas, casi la mayoría de la comunidad de La Sonora toda, toda se la llevaron, también los de Puente Blanco y los vecinos a sus alrededores. Fueron 335 víctimas que hasta hoy las recordamos como que en nuestros corazones y nuestros pensamientos no han muerto, siguen vivos.
RESISTENCIA POR LA MEMORIA Y CONTRA EL OLVIDO
RMR: Nos encontramos junto al Rio cauca, cerca de los municipios de Trujillo y Rio Frio, y este Rio Cauca tiene un significado profundo para las familias de las víctimas de la masacre de Trujillo; estamos con Esmeralda quien nos va a contar un poco sobre eso.
Esmeralda: Sí, estamos aquí porque fue exactamente aquí donde tiraban a las víctimas, las traían amarradas y las tiraban al rio Cauca y luego iban a dar hasta La Virginia, por allá así lejos y era donde se rescataban, por eso hoy venimos a hacer esta celebración aquí para hacer memoria de esas víctimas que fueron tiradas al rio.
RMR: De qué sirve a la comunidad de Trujillo y de estos municipios cercanos, encontrarse cada cierto tiempo en el pueblo y aquí junto al rio y recordar a sus amigos a sus hermanos, a sus padres a sus hijos?, ¿Para qué sirve eso?
Esmeralda: Precisamente para recordarlos, para hacer una memoria de ellos y recordar todo lo que pasó, lo terrible y lo doloroso que fue esa tragedia, para los familiares fue muy doloroso y muy duro; y aún todavía pues seguimos con esa tragedia adentro, pues eso no es fácil olvidarlo ni sacarlo del corazón.
RMR: 20 años después la comunidad de Trujillo sigue recordando a sus hermanos, sus vecinos, sus amigos como víctimas de la barbarie que ha azotado a nuestro país durante mucho tiempo; ¿qué se ha avanzado como organización social y en términos de exigibilidad de justicia?
Octavio: Como tú sabes la justicia es muy lenta en nuestro país, se sufre un problema de incapacidad para llegar a todos los rincones del pueblo colombiano, entonces acá en Trujillo a raíz de todo lo que sucedió, la masacre y todo eso, entonces se ha hecho un equipo de resistencia y un equipo de memoria donde no se olvida a las víctimas y donde siempre se trata de estar presentes para que un día el Estado nos pueda cumplir con lo que tanto nos ha prometido: con la reparación social y la justicia que tanto necesita este país.
Consuelo Valencia: Verdaderamente de justicia y reparación no ha habido nada absolutamente, a nosotros como familiares de víctimas no nos han hecho ninguna ayuda, no nos han reparado nada; estamos luchando contra la injusticia e impunidad, que eso no se quede en impunidad, sino que siga el proceso marchando y que verdaderamente si le atiendan a uno pobre que necesita.
RMR: ¿Es cierto que este proceso de organización de la asociación de familiares de víctimas de la masacre de Trujillo, defensores de Derechos Humanos y ustedes como víctimas y familiares de las víctimas, son acosados, reprimidos?
Consuelo Valencia: Pues nunca se acaba la violencia, mejor dicho, siempre sigue la violencia y siguen los grupos armados molestando al campesino, no hay paz, paz no la hay; por el asunto del Presidente, que si él se sintiera y verdaderamente apoyara al campesino lo apoyaba, pero no, verdaderamente siguen en las masacres, sigue lo mismo, nunca hay verdaderamente apoyo al campesino, nunca el campesino es apoyado.
EL PROCESO JUDICIAL
RMR: Cuál es el estado del proceso judicial en este caso.
Eduardo Carreño, abogado Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo: Bueno, judicialmente hay varios aspectos que hay que trabajar. Primero que después de veinte años se ha llegado a establecer un universo de víctimas de aproximadamente trescientas cuarenta y dos entre el año 86 y el año 94, que fueron cometidos por una estructura criminal conformada por agentes del Estado y el narcotráfico y el paramilitarismo que operaban en esta región, que tenía múltiples propósitos: controlar la región, eliminar formas de organización social y política que existían en términos embrionarios en la región, fundamentalmente las empresas cooperativas que había organizado el Padre Tiberio Fernández Mafla, las cooperativas de agricultores y las Juntas de Acción Comunal; pero también eliminar a cualquier opositor político que hubiera en la región y dentro de eso incluyeron a los marginados sociales en lo que llaman “limpieza social”, en términos casi que neo-fascistas.
En el proceso penal hay varios aspectos puntuales, uno de ellos es que el fallo de 1990 que absolvió a Urueña, a Diego Montoya, y a Henry Loaiza y a otros dos paramilitares, fue ordenada su revisión por la fiscalía de Derechos Humanos de Bogotá y está en trámite en la Sala Penal de la Corte y esperamos que se resuelva en los próximos días. Por otra parte Henry Loaiza Ceballos aquí en el juzgado segundo penal del circuito de Tuluá fue condenado a treinta años por la captura ilegal, por tortura y desaparición y homicidio de Daniel Arcila Cardona y otro de sus acompañantes; este proceso está en apelación en el Tribunal de Buga y esperamos que confirmen el fallo condenatorio.
En la unidad de Derechos Humanos se adelanta la investigación por el resto de los homicidios que se han cometido y las desapariciones, y ahí están vinculados Diego Montoya y el señor Henry Loaiza Ceballos por trescientos cuarenta –aproximadamente- ejecuciones y desapariciones, que esperamos que este año culmine con formulación de pliego de cargos o llamamiento a juicio por los mismos; ahora, previo a esto hay que ir a Estados Unidos a recibirle la indagatoria a Diego Montoya, extraditado allí y condenado a cuarenta y cinco años de cárcel por narcotráfico. De la misma manera esperamos que el tribunal, en la apelación que presentamos en relación con los militares que participaron y que eran comandantes de la tropa que operaba en esta región, como el caso del Coronel Contreras Peña y algunos miembros del grupo contraguerrillas sean detenidos porque hay pruebas de su responsabilidad por acción en algunos casos y por omisión en otros. Aspiramos de la misma manera que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos se pronuncie en forma definitiva en relación con el proceso que allí está en curso y que produjo una primera resolución de condena al estado Colombiano en el año 95, y aspiramos a que en forma definitiva se pronuncie en la totalidad del proceso.
Ahora, tenemos que decir igualmente que el grupo paramilitar que operaba en esta zona y que después se dividió en Los Machos y Los Rastrojos, que sigue operando y que no se desmovilizó y que ahora tiene una mayor cobertura a nivel nacional, algún día se atacado por el Estado y logre su desmovilización o reintegración, previo sometimiento de los procesos de justicia, para que se den reales garantías de no repetición de estos crímenes en la región.
RMR: Entonces ¿qué garantías tiene desde el Estado, desde las instancias ejecutiva o judicial, este proceso de salir avante?
Eduardo Carreño: No, este proceso tiene garantía de salir avante por la presión que hay a nivel internacional de la Comisión Interamericana y de organizaciones internacionales que han sido solidarias y que acompañan el caso de Trujillo como uno de los casos simbólicos, donde primero se logra un reconocimiento de responsabilidad del Estado y se pide perdón público a las víctimas por los crímenes cometidos, ese acompañamiento internacional ha sido y es muy importante para poder avanzar en términos integrales, en justicia, en verdad, en reparación integral y garantías de no repetición; es decir, acompañar a estas viudas y a estos hijos de las víctimas es muy importante para que puedan seguir existiendo y viviendo en esta comunidad.
RMR: ¿Qué mensaje le darían ustedes, comunidad de Trujillo, a la comunidad internacional que está pendiente del tema de derechos humanos en Colombia?
Octavio: pues el mensaje para todas las instituciones a nivel internacional y nacional es de que aquí nosotros estamos muy agradecidos por el apoyo que nos han prestado a nivel internacional y que hasta el día de hoy aquí presentes seguimos reclamando que no nos abandonen, que nos sigan apoyando para poder que la justicia y la reparación, y nuestros proyectos sigan adelante y no se vean estancados por ningún obstáculo que se quiera interponer en el camino.
A 20 años de la masacre de Trujillo Valle del Cauca
DonPalabras
Entre marzo y abril de 1990 sucedió en Trujillo (zona montañosa del Valle del Cauca, Colombia), un hecho criminal que conmocionó a la sociedad colombiana; la masacre de Trujillo fue un proceso sistemático de exterminio de la población campesina y líderes sociales de la zona, entre ellos Tiberio Fernández Mafla, párroco y líder social del municipio de Trujillo; por parte de una estructura criminal conformada por narcotraficantes, paramilitares y militares en servicio, que se desarrolló durante más de 10 años.
Entre 1986 y 1994 el proceso criminal conocido como la masacre de Trujillo logró la eliminación física de aproximadamente 350 habitantes del municipio en su zona urbana y rural, sembrando el terror, generando masivos desplazamientos de población y teniendo la complicidad – por acción u omisión- de las autoridades civiles, militares y judiciales.
Veinte años después Radio Mundo Real acompañó a las víctimas en la Peregrinación por la Memoria y contra el Olvido, una jornada de resistencia y de denuncia contra la impunidad.
BREVE RECONSTRUCCION DE LOS HECHOS
Radio Mundo Real: Qué es lo que estamos conmemorando?
Octavio (nombre cambiado): Los veinte años de la muerte de Tiberio y la masacre de todos sus seguidores en el municipio de Trujillo, Valle.
RMR: ¿Qué fue lo que pasó hace 20 años?
Consuelo Valencia: Vea lo que pasó hace 20 años en el 90, eso dependió de una marcha, de una marcha que hubo en Trujillo pacíficamente para verdaderamente hacer escuchar al Alcalde para que hiciera arreglos a la carretera que estaba muy mala. Hicieron una marcha para verdaderamente los moreros sacar el cultivo.
RMR: Quiénes se movilizaron en esta marcha?
Consuelo Valencia: Puros campesinos, hasta ahí se incluyó mi hijo, el de catorce años que lo llevó el papá, mi esposo se incluyó también en esa marcha. Pasó que el alcalde llamó al ejército, hubo una balacera, gracias a Dios no hubo heridos, sino que para asustar al campesino que por que eran guerrilleros; no, ellos no eran guerrilleros sino puros campesinos. Entonces ahí mismo quitaron la remesa, el revueltico y ¿qué hicieron los campesinos?, se fueron con la misma necesidad.
Ya después de que pasó eso fue viniendo un tipo por las casa, haciéndose pasar por guerrillero, y decía: “¿verdad que por aquí hay ejército?”, yo le dije: no señor, por el momento no, ahora que lo veo a usted; y dijo: “ah ¿usted no tiene aguapanelita?”, le dije: sí señor, con mucho gusto; y dijo: “¿por aquí no hay mora?”, le dije: no señor por aquí no hay mora, entonces dijo: “bueno, en todo caso que esté muy bien”, y yo le dije: que le vaya muy bien.
Entonces bueno, yo póngale cuidado y póngale cuidado y no aparecía por ninguna parte, y yo le dije a mi esposo: ¿vea por qué no nos vamos?, porque esto es cosa como grave, desde que vengan a la casa es como sospechoso; “no mija, el que nada debe nada teme, qué nos vamos a ir de la tierrita a sufrir al pueblo, que es una carestía muy horrible, y si a uno le queda para comer, no le queda para pagar arriendo y además no nos arriendan por tantos hijos”, yo tenía nueve hijos, diez con el mayorcito. Bueno, yo me quedé así, le dije: pero yo estoy muy asustada.
Cogí y me fui para La Gaviota, estaba el ejército en La Gaviota y allá estaba el muchacho uniformado, ¿qué hizo?, me volteó a ver, el me miró y se sonrió, me dijo: “¿y usted que hace por acá?”, yo le dije: voy a traer un bestia para darle aguamiel, “¿y no le da miedo andar por acá?”, le dije: no señor porque el que anda con Dios, ¿qué miedo le va a dar a uno?. Bueno, volví y me vine, eso pasó un mes antes, cuando ya subía, eso fue un jueves, subía la camioneta del municipio a hacer unos trabajos; hubo un enfrentamiento, e hirieron unos del municipio.
RMR: Trabajadores…
Consuelo Valencia: Sí, hubieron dos heridos, entonces ellos bajaron y yo bajaba en la chiva porque iba para Candelaria, entonces yo le dije a mi hija mayor: mija, yo no voy a ir por allá porque eso está grave, la familia quedó allá sola con su papá y yo qué puedo hacer, dijo: “no mami, no nos demoramos, es para yo cuadrar a ver si me dan un trabajito en el taller de Venecia”, le dije: ah bueno, vamos, por hacerle ese favor, me fui.
Ya el viernes por la tarde regresé a Trujillo, ya estaba eso prendido, había mucho ejército y había unos del ejército heridos, entonces yo dije: ¡mis hijos!; entonces le dije al chofer, ¿porqué no hace el favor y me lleva?, dijo: “no, yo no puedo subir por allá porque de por allá me desaparecen”. Yo ya me confundía, yo tenía la niña de brazos, tenía tres meses la niña y la otra tenía dos añitos, entonces yo me tercié el maletín y seguí pa´rriba y cuando eso lleno de ejército “¿usted qué anda haciendo por ahí?”, les dije: no, es que yo ando por aquí por los desechos, para cortar carretera, camino, entonces seguí pa´rriba cuando ya en la carretera, estaba la chiva y estaban los jeep ahí plantados, haciendo bajar la gente y pidiéndoles papeles, y anotaban, bueno, ya está listo.
Ahí iba mi esposo a remesear, yo me le arrimé y le dije: ¿para donde va?, me dijo: “no, voy para el pueblo y ya vengo”, entonces yo lo esperé y ya por la tarde llegó y le dije: vea vámonos, vámonos que esto aquí va a pasar algo serio, me dijo: “no mija, no nos vamos, esperemos que eso no va a pasar, tenga fé en Dios”, ya yo desesperada que no aparecía mi hijo el de catorce años, espérelo y espérelo y él por ninguna parte; y cuando yo bajé a La Sonora y dije yo: oiga ¿usted no ha visto a mi hijo?, “no, a él se lo llevaron, se lo llevaron, le quebraron los bracitos y lo echaron al carro”, le dije: ¿a mi muchacho?, “sí, doña Consuelo, se lo llevaron, lo echaron al carro y se lo llevaron”. Yo me fui toda preocupada para la casa, yo no le dije nada a mi esposo, me quedé callada.
RMR: Cuál es el nombre del hijo suyo?
Consuelo Valencia: Se llama Arley Acevedo Valencia
RMR: Y quién se llevó a Arley?
Consuelo Valencia: El ejército, el ejército lo cogió en Playa Alta que él venía de desyerbar y bueno…eso fue como a las tres de la tarde. Bueno, yo me fui para la casa y luego mi esposo vino por la tarde y le dije: vámonos para el pueblo, dijo: “no, ya no nos vamos”; entonces ya el domingo yo bajé por la maleta, no me la quisieron entregar y me detuvieron, era para torturar a mi esposo, lo llevaron para una casa de lata, lo encerraron, le echaron agua con un líquido ahí y el empezó a vomitar sangre, y lo torturaron, luego lo sacaron y lo llevaron por un potrero arriba, lo metieron al rastrojo y por ahí como a la una de la mañana me lo trajeron a la casa. Él no hablaba nada, que no quería nada, que nos fuéramos y yo le dije: ya para qué nos vamos a ir si ya se llevaron al muchacho, cuando ya bajó el otro hijo y decía que ya bajaban los guerrilleros, el de nueve años y el de ocho años que habían ido a coger mora con los Arboleda, entonces bajaron y le dije: ay Edilson por Dios, ¿qué hacemos?, me dijo: “no mami, no se confunda que yo me voy”, y él se voló, arrancó y se fue y nosotros nos fuimos para el pueblo, ahí pagamos una piecita, cuando el miércoles ya lo bajaban a mi hijo con alfileres en la mano y en los pies y él me mostraba los alfileres clavados en la mano, yo no sé ese muchacho cómo era capaz de andar, y era bañado en sudor por el dolor en los pies, un muchacho que se alcanzó a volar nos contó: “ese hijo suyo iba demasiado mal, yo creo que ya iba más muerto que vivo”. Desde ahí no lo volví a ver.
RMR: Hablamos de un ejercicio de represión por parte de las autoridades legales e ilegales por parte del Estado, pero quienes realmente caen víctimas son personas inocentes, sociedad civil; ¿qué pasó entonces después?, ¿cómo se movilizó la gente?, ¿se sembró el terror?, ¿qué ocurrió en el pueblo en el proceso y después de la masacre?
Octavio: El día del enfrentamiento fue un enfrentamiento entre paramilitares, militares y un comando de la guerrilla que se movilizaba en la zona, eso fue algo improvisto, fue un choque de tú a tú, donde nadie esperaba a nadie; ya después de que la guerrilla tomó por asalto al grupo del ejército y el comando de paramilitares guiado por Diego Montoya, conocido como “los carolos”. A partir de ahí por la masacrada de todo el comando del ejército, entonces a partir de ahí vino la represalia contra la comunidad, entonces ya entraron a aprovechar coyunturas políticas y otros medios para tomar represalias contra la población.
RMR: La masacre no fue sólo un día, fue un proceso selectivo, lento…
Octavio: Luego vino el enfrentamiento y la guerrilla mató un comando del ejército, y luego ya el ejército en apoyo con el gobernador y sus administraciones entonces dieron la orden de exterminar toda la gente de esta región que porque todos eran guerrilleros; la pelea fue el jueves 27 de marzo y ya lo que fue día sábado y día domingo, llegaron los carros que desaparecían a la gente, el domingo por la noche recogieron en La Sonora a unas 25 personas de las cuales no las volvimos a ver, nunca se volvió a saber nada, entre ellas Esther Cachapú, Arnoldo, Arnulfo Arias y sus hermanos, fueron muchas personas, casi la mayoría de la comunidad de La Sonora toda, toda se la llevaron, también los de Puente Blanco y los vecinos a sus alrededores. Fueron 335 víctimas que hasta hoy las recordamos como que en nuestros corazones y nuestros pensamientos no han muerto, siguen vivos.
RESISTENCIA POR LA MEMORIA Y CONTRA EL OLVIDO
RMR: Nos encontramos junto al Rio cauca, cerca de los municipios de Trujillo y Rio Frio, y este Rio Cauca tiene un significado profundo para las familias de las víctimas de la masacre de Trujillo; estamos con Esmeralda quien nos va a contar un poco sobre eso.
Esmeralda: Sí, estamos aquí porque fue exactamente aquí donde tiraban a las víctimas, las traían amarradas y las tiraban al rio Cauca y luego iban a dar hasta La Virginia, por allá así lejos y era donde se rescataban, por eso hoy venimos a hacer esta celebración aquí para hacer memoria de esas víctimas que fueron tiradas al rio.
RMR: De qué sirve a la comunidad de Trujillo y de estos municipios cercanos, encontrarse cada cierto tiempo en el pueblo y aquí junto al rio y recordar a sus amigos a sus hermanos, a sus padres a sus hijos?, ¿Para qué sirve eso?
Esmeralda: Precisamente para recordarlos, para hacer una memoria de ellos y recordar todo lo que pasó, lo terrible y lo doloroso que fue esa tragedia, para los familiares fue muy doloroso y muy duro; y aún todavía pues seguimos con esa tragedia adentro, pues eso no es fácil olvidarlo ni sacarlo del corazón.
RMR: 20 años después la comunidad de Trujillo sigue recordando a sus hermanos, sus vecinos, sus amigos como víctimas de la barbarie que ha azotado a nuestro país durante mucho tiempo; ¿qué se ha avanzado como organización social y en términos de exigibilidad de justicia?
Octavio: Como tú sabes la justicia es muy lenta en nuestro país, se sufre un problema de incapacidad para llegar a todos los rincones del pueblo colombiano, entonces acá en Trujillo a raíz de todo lo que sucedió, la masacre y todo eso, entonces se ha hecho un equipo de resistencia y un equipo de memoria donde no se olvida a las víctimas y donde siempre se trata de estar presentes para que un día el Estado nos pueda cumplir con lo que tanto nos ha prometido: con la reparación social y la justicia que tanto necesita este país.
Consuelo Valencia: Verdaderamente de justicia y reparación no ha habido nada absolutamente, a nosotros como familiares de víctimas no nos han hecho ninguna ayuda, no nos han reparado nada; estamos luchando contra la injusticia e impunidad, que eso no se quede en impunidad, sino que siga el proceso marchando y que verdaderamente si le atiendan a uno pobre que necesita.
RMR: ¿Es cierto que este proceso de organización de la asociación de familiares de víctimas de la masacre de Trujillo, defensores de Derechos Humanos y ustedes como víctimas y familiares de las víctimas, son acosados, reprimidos?
Consuelo Valencia: Pues nunca se acaba la violencia, mejor dicho, siempre sigue la violencia y siguen los grupos armados molestando al campesino, no hay paz, paz no la hay; por el asunto del Presidente, que si él se sintiera y verdaderamente apoyara al campesino lo apoyaba, pero no, verdaderamente siguen en las masacres, sigue lo mismo, nunca hay verdaderamente apoyo al campesino, nunca el campesino es apoyado.
EL PROCESO JUDICIAL
RMR: Cuál es el estado del proceso judicial en este caso.
Eduardo Carreño, abogado Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo: Bueno, judicialmente hay varios aspectos que hay que trabajar. Primero que después de veinte años se ha llegado a establecer un universo de víctimas de aproximadamente trescientas cuarenta y dos entre el año 86 y el año 94, que fueron cometidos por una estructura criminal conformada por agentes del Estado y el narcotráfico y el paramilitarismo que operaban en esta región, que tenía múltiples propósitos: controlar la región, eliminar formas de organización social y política que existían en términos embrionarios en la región, fundamentalmente las empresas cooperativas que había organizado el Padre Tiberio Fernández Mafla, las cooperativas de agricultores y las Juntas de Acción Comunal; pero también eliminar a cualquier opositor político que hubiera en la región y dentro de eso incluyeron a los marginados sociales en lo que llaman “limpieza social”, en términos casi que neo-fascistas.
En el proceso penal hay varios aspectos puntuales, uno de ellos es que el fallo de 1990 que absolvió a Urueña, a Diego Montoya, y a Henry Loaiza y a otros dos paramilitares, fue ordenada su revisión por la fiscalía de Derechos Humanos de Bogotá y está en trámite en la Sala Penal de la Corte y esperamos que se resuelva en los próximos días. Por otra parte Henry Loaiza Ceballos aquí en el juzgado segundo penal del circuito de Tuluá fue condenado a treinta años por la captura ilegal, por tortura y desaparición y homicidio de Daniel Arcila Cardona y otro de sus acompañantes; este proceso está en apelación en el Tribunal de Buga y esperamos que confirmen el fallo condenatorio.
En la unidad de Derechos Humanos se adelanta la investigación por el resto de los homicidios que se han cometido y las desapariciones, y ahí están vinculados Diego Montoya y el señor Henry Loaiza Ceballos por trescientos cuarenta –aproximadamente- ejecuciones y desapariciones, que esperamos que este año culmine con formulación de pliego de cargos o llamamiento a juicio por los mismos; ahora, previo a esto hay que ir a Estados Unidos a recibirle la indagatoria a Diego Montoya, extraditado allí y condenado a cuarenta y cinco años de cárcel por narcotráfico. De la misma manera esperamos que el tribunal, en la apelación que presentamos en relación con los militares que participaron y que eran comandantes de la tropa que operaba en esta región, como el caso del Coronel Contreras Peña y algunos miembros del grupo contraguerrillas sean detenidos porque hay pruebas de su responsabilidad por acción en algunos casos y por omisión en otros. Aspiramos de la misma manera que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos se pronuncie en forma definitiva en relación con el proceso que allí está en curso y que produjo una primera resolución de condena al estado Colombiano en el año 95, y aspiramos a que en forma definitiva se pronuncie en la totalidad del proceso.
Ahora, tenemos que decir igualmente que el grupo paramilitar que operaba en esta zona y que después se dividió en Los Machos y Los Rastrojos, que sigue operando y que no se desmovilizó y que ahora tiene una mayor cobertura a nivel nacional, algún día se atacado por el Estado y logre su desmovilización o reintegración, previo sometimiento de los procesos de justicia, para que se den reales garantías de no repetición de estos crímenes en la región.
RMR: Entonces ¿qué garantías tiene desde el Estado, desde las instancias ejecutiva o judicial, este proceso de salir avante?
Eduardo Carreño: No, este proceso tiene garantía de salir avante por la presión que hay a nivel internacional de la Comisión Interamericana y de organizaciones internacionales que han sido solidarias y que acompañan el caso de Trujillo como uno de los casos simbólicos, donde primero se logra un reconocimiento de responsabilidad del Estado y se pide perdón público a las víctimas por los crímenes cometidos, ese acompañamiento internacional ha sido y es muy importante para poder avanzar en términos integrales, en justicia, en verdad, en reparación integral y garantías de no repetición; es decir, acompañar a estas viudas y a estos hijos de las víctimas es muy importante para que puedan seguir existiendo y viviendo en esta comunidad.
RMR: ¿Qué mensaje le darían ustedes, comunidad de Trujillo, a la comunidad internacional que está pendiente del tema de derechos humanos en Colombia?
Octavio: pues el mensaje para todas las instituciones a nivel internacional y nacional es de que aquí nosotros estamos muy agradecidos por el apoyo que nos han prestado a nivel internacional y que hasta el día de hoy aquí presentes seguimos reclamando que no nos abandonen, que nos sigan apoyando para poder que la justicia y la reparación, y nuestros proyectos sigan adelante y no se vean estancados por ningún obstáculo que se quiera interponer en el camino.